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LA PANDEMIA COMO UNA OPORTUNIDAD PARA DEMOCRATIZAR LA DEMOCRACIA

05/06/2020

Un análisis desde Acción Colectiva sobre los desafíos, fortalezas y posibilidades que supone el contexto actual para construir una política más abierta, inclusiva y transparente. 
¿Cuál es el rol de la sociedad civil en este nuevo contexto y qué lugar le otorgan los gobiernos?  ¿Estaremos a la altura, estado, líderes de todo tipo y organizaciones? 

La pandemia desatada por el coronavirus y las medidas adoptadas por los estados nos presentan una nueva realidad. El pasado -la historia que nos trajo hasta acá-, es de inequidades pero también de luchas colectivas. El futuro es un signo de interrogación ¿Y el presente? El presente es de riesgo. Como organización cívica y como parte de esta humanidad, estamos ante un desafío inesperado, que sacude certezas y nos invita a aceptar que muchas respuestas que hoy tenemos son sólo provisorias.

Hay muchos expertos de café y panelistas de tevé especialistas en casi todo. Desde nuestro lugar entendemos que, ante las crisis y el riesgo, es relevante sostener una autoridad legitimada, que centralice las operaciones y unifique la comunicación. Hoy estamos ante una oportunidad de fortalecer el estado, en particular del estado democrático, como herramienta principal para hacer frente a los nuevos desafíos. Su rol se potencia como ordenador y organizador, necesario distribuidor y responsable de gestión.

En particular, pareciera que estamos frente a un robustecimiento de los ejecutivos, lo cual no significa necesariamente la anulación de la pluralidad o de las diferencias. De hecho, se han fortalecido procesos de consenso entre ejecutivos de distintos niveles, incluso entre diversas fuerzas políticas.

También, entendemos que es preciso asegurar el funcionamiento de los poderes legislativos. Las y los legisladores no suelen tener tanta exposición y la mayoría tiene bajos niveles de conocimiento. Por eso, no están sometidos al permanente seguimiento ciudadano al que sí están quienes ocupan cargos ejecutivos. En efecto, creemos que la respuesta rápida del Congreso de la Nación con la incorporación de tecnología, el desarrollo de capacidades y la telematización de sesiones es una oportunidad para la transparencia y la apertura. Los parlamentos no son una entidad limpia y pura, muchas veces son el espacio que representa corporaciones y grupos de poder que presionan para que se tomen determinadas medidas en función de sus intereses particulares.

Avanzar hacia un parlamento nacional más abierto, es el punto de partida para que los congresos provinciales puedan tomar esa experiencia, replicarla, adaptarla y mejorarla. Además, sería importante comenzar a tramitar sesiones de un modo amigable para la ciudadanía, que es -en definitiva- la parte más importante de todo este lío.

El poder judicial, también deberá ponerse a la altura. Ya estamos a tiempo de entender que es crucial su independencia pero también, la transparencia de los nombramientos, su quehacer y sus decisiones.
A la vez, es preciso sostener y mejorar la publicación de datos epidemiológicos y de gestión respecto del coronavirus. Necesitamos datos abiertos, sistemáticos, comparables, unificados y de fácil acceso. Hoy, el manejo adecuado de la comunicación en situaciones de riesgo es muy relevante, no es un detalle. Como sociedad, debemos hacer frente a fake news, ejércitos de trolls y periodismo amarillista. La transparencia y la adecuada comunicación gubernamental resulta crucial para dar esta batalla. Esta situación delicada no puede ser oportunidad para negocios ilegales, corrupción pública, ni empresarios avivados. Para esto, la publicación de datos sobre compras vinculadas con el manejo de la pandemia de forma simple y fácil de monitorear es una herramienta eficaz.

Respecto de la ciudadanía en este tiempo pandémico, nos preocupa el resurgimiento de una épica de la solidaridad vinculada estrictamente a acciones individuales y a cierta moral voluntarista. Desde nuestro punto de vista, es la acción colectiva entendida como participación política la que produce transformaciones.

Sabemos que no es tiempo de perder tiempo. Las organizaciones debemos estar al servicio de las estrategias, monitoreando, acompañando y colaborando. Los gobiernos podrán utilizar las potencialidades del civismo organizado para la construcción colectiva a su favor. El estado no puede todo, la participación ciudadana también puede hacer una parte ¿Cuál es esa parte? ¿Cuál es el rol de la sociedad civil en este nuevo contexto y qué lugar le otorgan los gobiernos? Estamos ante una oportunidad de repensar los instrumentos y los mecanismos de incidencia, a sabiendas que la democracia se pone en juego allí cuando la acción ciudadana se paraliza.

Este momento nos pone en evidencia que es posible federalizar usando las tecnologías. Algunos organismos nacionales ampliaron las convocatorias a organizaciones civiles de las provincias, y otros esperamos lo hagan. Necesitamos representatividad federal en los espacios de participación y discusión. Asimismo, en la gestión del Estado, el paso a lo digital requiere desarrollar capacidades, incorporar herramientas y avanzar hacia una función pública menos preocupada en cumplir horarios y más ocupada en alcanzar resultados.

En síntesis, creemos que el fortalecimiento de gobiernos democráticos, la posibilidad de coordinación de políticas públicas entre gobiernos y niveles del estado, la disponibilidad de más herramientas para la transparencia y rendición de cuentas, la posibilidad de federalizar algunas instancias de participación y de eficientizar la gestión pública, son solo una muestra de que estamos ante la oportunidad histórica de democratizar la democracia. ¿Será utilizada esta oportunidad? ¿Estaremos a la altura, estado, líderes de todo tipo y organizaciones?

Sabemos que como sociedad se vienen tiempos duros, asistiremos a un derrumbe de los sectores medios y al empobrecimiento de los sectores bajos. Viene un tiempo donde habrá que demostrar grandeza y audacia. Desde la sociedad civil organizada también deberemos hacer una autocrítica, entender claramente las causas por las que queremos seguir trabajando, revisar prioridades y poner en primer lugar la mejora de la vida en común en la que la inclusión es condición sine qua non.

Ya veremos cómo salimos de esta crisis, pero si de algo tenemos certeza es que deberá ser con más estado, más políticas y más participación.

 

Acercate así compartimos el esfuerzo


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