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De lo individual a lo colectivo

31/05/2018

¿Somos parte del problema o de la solución?

Desde hace siglos, el mundo se construye en torno a paradigmas racionalistas. Hemos construido un mundo liderado por iluminados, diseñado por especialistas, valorado por teóricos. Las lógicas individualistas de supervivencia nos rodearon de un ambiente donde el “sálvese usted mismo” evapora el desarrollo propio de vivir en sociedad. Abundan los modelos jerárquicos, poderes concentrados y oportunidades exclusivas. Estas son la deriva de un desfasado paradigma cartesiano que nos ha guiado hacia esta inigualable polarización, desigualdad y ambiente a medias.
¿Cómo dejamos de reproducir ésta lógica dominante? ¿Somos parte del problema o de la solución? Ser indiferentes a nuestro rol como ciudadanos solo nos hace observadores distanciados del destino de nuestras sociedades, por ende nuestro futuro y el de las siguientes generaciones. Somos parte del problema cuando legitimamos al éxito como logro individual, cuando abonamos prácticas de concentración de poder, cuando somos indiferentes y simple observadores, cuando relegamos la participación ciudadana al mero acto electoral y solo delegamos el desarrollo de la sociedad y la expansión de derechos a una élite. Necesitamos espacios de participación abiertos y masivos que permitan reconfiguar y restituir a la sociedad su poder de resolución.
Somos parte de la solución cuando pasamos de la precupación a ocuparnos activamente, cuando logramos espacios colectivos, redes efectivas y afectivas de “acción colectiva”.
Nosotros, ciudadanos organizados o no, como actores sociales tenemos la responsabilidad de proyectar nuevos estilos de construir comunidad. Estilos que permitan reconocernos en las diferencias y poder integrar la mirada del otro. La otredad como riqueza. No solo pensar las comunidades a partir de lo que nos une, sino convivir a partir de potenciar lo que nos diferencia, como dice Roberto Espósito.
Como también propone Jeremy Rifkin, cuanto más profunda es nuestra empatía con los demás, más intensa y extensa será nuestra participación. Nuestro nivel de participación íntimo define nuestro nivel de conocimiento de la realidad y la capacidad de incidir. Por lo que es imperioso construir espacios que nos trasciendan como individuos, que generen lazos de confianza, democraticen el poder y que no supriman singularidades. Cuando “perdemos el control”, ganamos pluralidad, cuando liberamos el resultado a lo plural, ganamos en diversidad, en apertura y en democracia.
Resignificar nuestro rol como organismos activos implica hacernos nuevas preguntas que nos encaucen en modelos de visión compartida. Que achiquen brechas y cierren grietas, y permitan validar y potenciar nuestras miradas con pares, aliadoas, destinatarioas, beneficiarioas, la sociedad en su conjunto, que en definitiva es la razón de ser de las organizaciones, movimientos sociales y sociedad civil comprometida. ¿Cómo pasamos de modelos competitivos a modelos colaborativos y de confianza? ¿Cómo tomamos más decisiones en espacios para amateurs, y menos en exclusivos para especialistas? ¿Cómo pasamos de agendas interesadas a agendas colectivas? ¿Es posible que las agendas públicas sean definidas y defendidas por las comunidades? ¿Descentralizar el saber es democratizar el poder? ¿Cómo incomodamos al status-quo?
No tenemos certezas de cómo debe ser un nuevo paradigma cultural, pero estamos convencidos que debe incluir todas las miradas.